Ubicada en los Jardines del arquitecto Herrero Palacios, junto a la Puerta de Sáinz de Baranda, fue un emblemático zoológico de Madrid
Su historia comenzó en el siglo XVII, con la presencia de animales exóticos en los jardines del Retiro, pero alcanzó su máxima notoriedad a partir de 1774. El zoológico se mantuvo activo hasta 1972, cuando se cerró definitivamente para dar paso al zoológico de la Casa de Campo. Hoy en día, sus antiguos pabellones albergan la Biblioteca Eugenio Trías, abierta en 2013, que conserva algunas estructuras originales de la antigua Casa de Fieras.
Orígenes y primeros pasos
En el siglo XVII, el Parque del Retiro ya era conocido por albergar animales. En 1634, el jesuita Sebastián González describió una jaula gigantesca en la que se recogían aves exóticas y acuáticas, y mencionó una leonera con animales salvajes como leones, tigres y osos. Esta referencia es una de las primeras menciones de fauna en el Retiro, aunque no fue hasta el siglo XVIII cuando la idea de un zoológico se consolidó.
Fue en 1774 cuando, bajo el reinado de Carlos III, se construyó el primer zoológico oficial en Madrid, en lo que hoy es la Cuesta de Moyano. Este zoológico formaba parte de un proyecto más amplio que incluía el Museo de Ciencias Naturales y el Real Jardín Botánico. A lo largo del siglo XVIII, el zoo recibió animales exóticos de todo el mundo, especialmente de Hispanoamérica, y su fauna incluía especies como guacamayos, pumas, y monos, e incluso un elefante regalado por el gobernador de Filipinas. Sin embargo, el inicio de las invasiones francesas y la guerra afectaron gravemente al zoológico, con la muerte de muchos animales.

Expansión y reformas
Con Fernando VII, en 1830, se realizaron mejoras y ampliaciones que dieron lugar a la Casa de Fieras, que pasó a llamarse Real Gabinete de Historia Natural. En sus nuevas instalaciones, situadas junto a la actual Puerta de Sáinz de Baranda, los animales eran presentados en jaulas y fosos, incluidos felinos, aves exóticas y mamíferos como osos y elefantes. Este zoológico también fue escenario de espectáculos, como las luchas entre animales salvajes y toros, que eran muy populares entre la nobleza de la época.
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Durante el reinado de Isabel II, la Casa de Fieras experimentó un auge con la llegada de nuevos animales, incluidos elefantes traídos desde Marsella. Sin embargo, con la Revolución de 1868 y la posterior apertura del parque al público, las condiciones de mantenimiento se deterioraron, y se recurrió a la subasta de algunos animales.
Popularidad y declive
A finales del siglo XIX, la gestión del zoológico fue cedida a Luis Cabañas, un tratante de animales para circos. Cabañas popularizó la Casa de Fieras mediante exhibiciones de animales y actividades como paseos en bicicleta por el parque. No obstante, los escándalos y el accidente de San Sebastián en 1884, donde un tigre y un toro causaron varias víctimas, llevaron a la prohibición de estas luchas. En 1918, el ayuntamiento recuperó la gestión y mejoró las instalaciones, con el aumento de la fauna, incluyendo especies como cebras, avestruces y antílopes.

La Segunda República y la Guerra Civil trajeron años difíciles para la Casa de Fieras, con el deterioro de las instalaciones y la muerte de varios animales. Tras la Guerra Civil, el zoológico recibió nuevos ejemplares evacuados de zoológicos europeos, pero con el paso de las décadas y la modernización del concepto de zoológico, la Casa de Fieras comenzó a perder relevancia. En 1972, la instalación cerró definitivamente, y sus animales se transladaron al zoológico de la Casa de Campo.
El legado
Tras su cierre, las antiguas instalaciones de la Casa de Fieras se reutilizaron para otros fines, hasta que en 2013 se inauguró la Biblioteca Eugenio Trías en el mismo lugar. La nueva biblioteca conserva algunos vestigios de la antigua Casa de Fieras, como las rejas por las que se alimentaba a los animales. Hoy, el Parque del Retiro sigue siendo un referente cultural y natural de la ciudad, recordando en su paisaje los vestigios de este zoológico que una vez atrajo a miles de visitantes.

En los jardines de Herrero Palacios, donde se encontraba la Casa de Fieras, aún se pueden encontrar restos de la antigua instalación, como el foso de los mandriles, que recuerdan la historia de este espacio y la importancia que tuvo para Madrid durante casi dos siglos. La Casa de Fieras, con sus altibajos, dejó una huella indeleble en la historia del Retiro y en la memoria colectiva de la ciudad, y su legado continúa presente, tanto en el espacio físico como en la cultura madrileña.