La hembra de rinoceronte situada aún en la calle de la Abada cerca de Gran Vía que causó el caos en el Madrid del siglo XVI
Cerca de Callao, la calle de la Abada es el escenario de una historia singular que se remonta al siglo XVI, cuando un rinoceronte se convirtió en una auténtica atracción para los madrileños. Este impresionante animal llegó a la ciudad gracias a feriantes portugueses que, en una época en la que Madrid aún era un descampado, lograron captar la atención de la población con su presencia inusual.
El rinoceronte causó tal expectación que, en medio de las multitudes, un joven, en un acto imprudente, le ofreció un panecillo recién horneado. Asustado y agobiado, el rinoceronte reaccionó violentamente y atacó al joven, quien sufrió heridas fatales. Este trágico incidente llevó al prior de San Martín a tomar medidas drásticas y expulsar a los feriantes de la zona.
Sin embargo, el destino del rinoceronte dio un giro inesperado cuando logró escapar. En su huida, se dice que causó la muerte de aproximadamente veinte personas antes de que finalmente lo capturaran. Esta versión de los hechos ha sido alimentada por relatos y leyendas populares que han perdurado a lo largo del tiempo.

Regalo a Felipe II
Por otro lado, hay una segunda narrativa sobre el origen del rinoceronte. Esta historia cuenta que el gobernador portugués de Java le regaló el animal al rey Felipe II. Esta versión también concluye de manera trágica, ya que los madrileños, atraídos por la creencia de que el cuerno del rinoceronte tenía propiedades afrodisíacas, decidieron envenenar al animal para robarle su magnífico apéndice.
En 1501, el gobernador de Java obsequió un rinoceronte hembra a Felipe II. En esa época, la gente llamaba «abadas» a los rinocerontes, un término que proviene del portugués. El animal se exhibió en un corral y atrajo la atención de numerosos madrileños, quienes querían ver a una criatura tan extraordinaria. No está claro si fue este rinoceronte o uno traído por un circo un siglo más tarde el que estuvo encerrado en un corral cercano a la actual plaza de Callao. Sin embargo, su presencia dejó una huella tan profunda que inspiró el nombre de la calle que conecta con la Gran Vía.

En una anécdota notable, un joven que trabajaba en el horno de la Mata decidió gastar una broma al animal al ofrecerle un pan recién horneado y abrasador. El rinoceronte, confundido y con ardor estomacal, no tomó la broma con gracia y reaccionó atacando al muchacho, quien, lamentablemente, sufrió las consecuencias de su imprudencia. Ambas historias, a pesar de sus diferencias, reflejan la fascinación que los seres exóticos han ejercido sobre las sociedades a lo largo de la historia, así como las implicaciones culturales y sociales de la curiosidad humana. La calle de la Abada, por lo tanto, no solo es un espacio geográfico, sino un recordatorio de la rica y a menudo inusual historia que rodea a la ciudad de Madrid.